Cap2: Il fine giustifica i mezzi

Capítulo 2

Il fine giustifica i mezzi

Muchos pensamientos daban vueltas en la cabeza de Lucrezia. Sabía cuál era su deber, pero romper el corazón de su prima no era algo que pudiera resultarle placentero.

Se detuvo frente a la habitación de Giugliana, como había hecho cientos de veces desde que eran niñas. Tomó aire profundamente y ordenó sus ideas antes de golpear la puerta.

—Avanti —se escuchó desde el interior.

—Buongiorno, Gigi —dijo al entrar y cerrar la puerta tras de sí.

Al ver que se trataba de su prima, Giugliana se quitó el velo oscuro que le cubría el rostro.

—Buongiorno, Luci. No quiero desayunar. Le dije a Rafaella que avisara a padre que estaré en mi habitación hasta el almuerzo. Debo hacer unas lecturas…

—¿Hace mucho que se fue? —preguntó Lucrezia, cortando las palabras de su prima a la mitad.

La mirada de Giugliana cambió de inmediato, como si la hubiesen sorprendido en medio de una travesura.

—¿Lo sabes? —preguntó mientras se levantaba de la silla y se acercaba a ella.

—Espero que Enrico sea mejor amante que ladrón. Si no me hubiese encargado de los guardias, dudo que hubiese llegado siquiera a la mansión… al menos no sin lastimar a alguno de nuestros hombres.

—Enrico es incapaz de lastimar a nadie…

—Es un Villanova —dijo Lucrezia con frialdad.

—Él no es como su tío. Si tan solo lo conocieras como yo, Luci…

El recuerdo de la noche anterior volvió a la mente de Giugliana y sus mejillas se sonrojaron. Tomó las manos de su prima entre las suyas.

—Él no es Giovanni.

Lucrezia tuvo que hacer algo que jamás creyó que haría delante de ella. No frente a su prima, la única persona a quien realmente sentía que podía decirle todo. Pero era necesario.

Dejó de ser Lucrezia por un momento y mostró el rostro impasible que enseñaba al resto del mundo.

—Tienes suerte, prima, de que el uniforme de sorte te cubra casi por completo. Tu Enrico te marcó.

—¿Qué? ¿Cómo? ¿Dónde? —preguntó Giugliana soltando sus manos y corriendo hacia el espejo.

Lucrezia se colocó detrás de ella. Siempre había sido apenas más alta. Con delicadeza, levantó el brazo izquierdo de su prima hasta el punto donde el cuello se une con la nuca.

—Aquí. Pero me preocupan más las marcas que no puedo ver.

El rostro de la sorte se volvió completamente rojo.

Lucrezia sonrió.

—No, prima. Cualquier cosa que le haya hecho a tu cuerpo sanará con el tiempo. Me preocupa más lo que está haciendo con tu corazón.

—Lo amo, Luci —dijo girándose para mirarla.

—El amor es otro juego más, Gigi. Todo lo que prometen los amantes a la luz de la luna se olvida antes de que salga el sol.

—Si no quieres que estemos juntos, ¿por qué lo ayudaste a llegar a mi habitación? —preguntó Giugliana, alejándose de ella.

—Porque eres tan obstinada como yo. Si no podían verse, es probable que hubieras cometido una locura. Además… es más fácil olvidar lo que se tuvo que lo que jamás se consiguió.

—Le dije a Enrico que iba a partir hacia Eisen para casarme. Que si realmente me quería debía hablar con padre y pedir mi mano.

La voz de Giugliana era una mezcla de excitación y temor.

Lucrezia respiró profundamente antes de responder.

—Gigi… te quiero como a una hermana. Eres familia, y ese es el lazo más importante que existe. Pero para alguien que puede leer el destino de las personas… acabas de complicar enormemente nuestro futuro.

—¿Por qué dices eso?

—Hace una semana me informaron que un grupo de eisenos viene hacia aquí. Vendrán a escoltarnos. Eso confirmará para todos los príncipes el secreto de tu matrimonio… y lo que significa para la familia recibir el apoyo de un Eisenfürst.

Hizo una pausa antes de continuar.

—Si las intenciones de Enrico fueran el matrimonio, entraría por la puerta… y no por tu ventana, prima. Podrás decir que no es igual que la bestia de Giovanni, pero está nublando tu juicio para evitar que te cases.

—No es cierto… él realmente me quiere.

Los ojos de Giugliana comenzaron a llenarse de lágrimas.

—Gigi… no sabes cuánto lamento tener que mostrarte esto.

Lucrezia llevó una mano al interior de los pliegues de su corsé y extrajo un papel.

Giugliana lo tomó y leyó en voz baja:

Tío, el matrimonio fue pactado. Parten a la brevedad hacia Eisen. Espero instrucciones.
E.V.

—¿Qué es esto? —preguntó.

—Después de salir de aquí… Enrico envió una paloma.

Giugliana no pudo contenerse más. Las lágrimas comenzaron a caer mientras el peso de la verdad se derrumbaba sobre ella.

Lucrezia la abrazó tan fuerte como pudo.

Le partía el alma sentir cómo su prima perdía la inocencia del primer amor. Sabía que un corazón roto tardaba mucho en sanar.

Pero había demasiado en juego.

Y como escribió Scarovese:

el fin justifica los medios.

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