El regreso de la Legión · Diario de navegación

Bitácora del Albatros

Escrita por Séaghdha Ardghal

«El Albatros no carga personas. El Albatros carga libertad.»

El viaje comenzó en Puerto Bonaventura, Vodacce, cuando las Hijas de Sofía solicitaron al capitán del Albatros que transportara fuera del país a una misteriosa pasajera. Lo que parecía un encargo lucrativo pronto se convirtió en una travesía marcada por brujas del destino, nobles vengativos, inquisidores, fantasmas, krakens, sirenas y antiguas fuerzas surgidas desde las profundidades del océano.
Capitán Séaghdha Ardghal.
Navío El Albatros.
Ruta prevista Vodacce, Castilla, Avalon y finalmente Eisen.
Principio La libertad se paga, pero jamás se negocia.

Cuaderno de ruta

Vodacce y el comienzo

00 Puerto Bonaventura · Vodacce El Albatros carga con la libertad

La tripulación decidió hacer puerto en Vodacce, tierra de traiciones, engaños y guerras silenciosas entre las sombras. Pocos lugares de Théah me generan tanto asco como Vodacce y, sin embargo, cada vez que el Albatros llega a sus costas surge algún trabajo que engorda nuestras arcas.

La posibilidad de hacer enfadar a un noble se endulza con el buen vino de estas tierras y, junto al dinero, crea el trío que mantiene contento mi espíritu entre tanto aire putrefacto.

Una vez más, las Hijas de Sofía acudieron a mí por ayuda. No sé cómo se comunican entre ellas, pero ya conocen mi nombre y se acercan sin tapujos a pedirme que las saque de Vodacce.

Ni siquiera había terminado la botella de vino cuando un noble me ofreció el doble de la tarifa para entregar la carga. El pobre desalmado pensaba que el Albatros transportaba personas.

«El Albatros carga con la libertad. La libertad se paga, pero no se negocia y mucho menos se arrebata.»

El noble aseguró que necesitaba a la mujer fuera de Vodacce. Sospecho que matarla en su propia tierra provocaría un conflicto demasiado frontal para las artimañas rastreras de esta nación.

Presiento que no se trata de la clásica historia de un matrimonio arreglado que debe romperse. Hay algo más. Mi nariz huele pescado podrido.

Este viaje será caro, pero el noble dijo que el dinero no era problema. Pocas frases seducen tanto como esa, salvo quizás la promesa de una buena botella de ron.

01 Vodacce rumbo a Eisen Una Sorte en el Albatros

¡Que me aspen si es posible! Una Sorte en el Albatros. Definitivamente, este puede ser el encargo más caro al que accedí en toda mi vida.

No solo transportamos a quince personas durante más de dos meses, sino que la pasajera más importante es una Bruja del Destino. Más de un marinero entregó una ofrenda a la Madre Océano para protegernos durante el viaje. Yo mismo lancé una copa de vino.

La Sorte se instaló en mi habitación. Hacerla dormir con el resto de la tripulación habría sido tentar al destino, y ningún marinero sensato está dispuesto a arriesgarse a algo semejante.

Poco después leyó el destino mediante las cartas. Parecía que estas danzaban entre sus dedos. Las acariciaba como delicados pétalos, pero con la firmeza con que se sostiene una copa durante una tormenta.

«Nos esperan peligros», anunció. De inmediato recordé al noble del ojo emparchado. Si quería problemas, el Albatros estaba dispuesto a concedérselos.

Transmití el aviso a la tripulación. Mientras corrían a sus puestos y preparaban el barco, comenzaron a cantar. Poco a poco, todas las voces de la cubierta se fundieron en una sola.

Me llena el corazón saber que mis hermanos y hermanas están dispuestos a luchar por la libertad ajena, tal como otros lucharon por la suya.

«Enfrentaría al mismísimo Kraken con ellos y, aunque muriera en el intento, mi voz se alzaría a su lado hasta el último momento.»
03 Vodacce rumbo a Eisen Los estatutos del Albatros

La Sorte y sus acompañantes solo abandonan la habitación cuando la mayoría de la tripulación se encuentra en el interior del barco.

Imagino que su velo cubre el rostro para impedir que cualquier persona ajena a su círculo pueda verla y que, por tanto, considera peligroso permanecer en cubierta rodeada de desconocidos.

En respeto a esa costumbre pedí a los pasajeros que subieran durante una hora tranquila. Solo se encontraba presente la tripulación principal: Monet, Lorenzo, Nathan, Peter, Diego y Matthias.

Como hacemos con todos nuestros invitados, les leí los estatutos del Albatros, al menos aquellos que los afectan directa o indirectamente. Matthias los recitó en eiseno para Perla y sus hombres.

Era importante que comprendieran que en el Albatros serían juzgados por sus actos, sin importar quiénes fueran ni cuán rica fuese su familia.

La traición, la mentira, el engaño y las ofensas serían castigadas. Las disputas y el juego por dinero permanecían prohibidos durante la travesía.
07 Vodacce rumbo a Eisen Perla y la inmensidad del océano

Perla finalmente se atrevió a permanecer en cubierta después de que la Sorte regresara a su habitación. Incluso se acercó al borde para contemplar el océano y la puesta del sol.

Jamás había visto a una mujer de semejante porte y tamaño. Parece una guerrera acostumbrada a vivir rodeada de hombres poderosos, obligada a demostrar toda su fuerza para ser reconocida.

Sin embargo, durante unos instantes sus ojos brillaron con asombro ante los colores del cielo y la belleza de la Madre Océano, mostrando la fragilidad de todo ser humano frente a la inmensidad del mundo.

Es perspicaz. Reconoció en mi lengua el amor que profeso por Kára al hablar en su idioma.

«Mi amada Kára, este viaje me lleva a Eisen. ¿Será la Madre Océano piadosa con nuestros corazones y nos regalará un fugaz encuentro que acalle nuestro dolor?»

Santa Elena

11 Día 1 en Santa Elena · Castilla El Senza Fine y la llegada del Kraken

Nuestra agradable cena fue interrumpida por el aviso de Nathan: un barco con bandera vodaccia nos seguía.

Mis instrucciones fueron precisas: virar el Albatros y alzar la bandera pirata. El barco de Caligari debía comprender que jamás permitiríamos que el Albatros se convirtiera en presa de quienes comercian con la libertad.

Esperábamos que izaran la bandera blanca. La Hermandad de la Costa es conocida en los siete mares por respetar la vida de quienes se rinden.

La bandera jamás apareció. En respuesta, los cañones del Albatros provocaron daños irreparables al Senza Fine.

El abordaje fue rápido y preciso, pero el navío enemigo comenzó a hundirse. Caligari había arrastrado a sus propios hombres hacia una muerte segura sin pensarlo dos veces.

Antes de regresar al Albatros lo saludé a la distancia con plomo. Peter se aseguró de que una segunda bala reforzara el mensaje.

Entonces apareció el Kraken. La criatura se tragó al Senza Fine, a Caligari y a toda su tripulación.

El monstruo no atacó al Albatros, pero su presencia agitó las aguas y el viento hasta formar un torbellino. Ni los mejores marineros habrían logrado salir con vida de aquellas condiciones.

Sin embargo, la Madre Océano no reclamaba nuestras vidas. Arrastró al Albatros y a sus hombres hacia la costa de Santa Elena.

12 Día 2 en Santa Elena · Castilla El paraíso y los inquisidores

Santa Elena es el paraíso que he buscado durante toda mi vida. Si no tuviera todavía una venganza pendiente, habría considerado seriamente quedarme aquí.

Los habitantes viven de la pesca, la recolección del bosque y un aljibe natural que proporciona agua dulce a toda la isla. No hay reyes, gobernantes, religiones oficiales ni militares.

Apenas unas pocas leyes son necesarias para que las personas vivan su libertad con plenitud. Es una sociedad única y, al mismo tiempo, muy parecida a la nuestra.

Su gente nos brindó comida y ayuda sin pedir nada a cambio. Por supuesto, comerciamos por los materiales necesarios para reparar el barco y abastecer nuestras bodegas.

La tranquilidad terminó cuando un grupo de inquisidores llegó hasta el Albatros exigiendo que los transportáramos hacia Castilla. Llevaban consigo a dos mujeres heridas y esposadas.

Dijeron que eran brujas. Toda la tripulación sintió hervir la sangre.

Casi no hicieron falta órdenes. Matthias lanzó una andanada de cañón corto, los demás respondieron con mosquetes y pistolones, y Perla capturó al monseñor que intentaba escapar.

«Hemos liberado dos almas y pronto podremos ofrecerles el regalo de la libertad, un regalo que jamás debieron perder.»
19 Día 9 en Santa Elena · Castilla El festival que casi condenó la isla

Santa Elena resultó ser una isla con una mística digna de las leyendas. El festival, rodeado de un folclore propio, estuvo a punto de convertirse en una tragedia.

Mientras los isleños preparaban la ceremonia, Perla desobedeció órdenes y se internó en el bosque. Encontró una cueva y desde allí llegó hasta el lugar donde se celebraba el ritual de gratitud a Santa Elena.

Perla interrumpió la ceremonia y estuvo cerca de condenar a toda la isla por su imprudencia.

Gracias a las fortunas conseguí detenerla y salvar tanto su vida como la de los isleños. Con la ayuda de Carmen, todo regresó a la normalidad en cuestión de horas.

Lo ocurrido durante el ritual no será documentado en esta bitácora. Confío en que Diego sabrá qué historias pueden ser contadas y cuáles deben permanecer en silencio para siempre.
31 Día 21 en Santa Elena · Castilla Preparativos para abandonar el refugio

Santa Elena volvió a ser el paraíso que siempre fue. Pronto el Albatros estaría listo para navegar y podríamos continuar el viaje hacia Eisen.

Debido a la intensa actividad de la Inquisición en Castilla, debíamos navegar directamente hasta Avalon y hacer puerto en Carleon.

María Magdalena, una de las mujeres rescatadas, fue de gran ayuda durante las reparaciones. Sin que fuese necesario pedírselo, ofreció sus conocimientos y habilidades al servicio del Albatros.

Desearía que se uniera a la tripulación, aunque no creo que nuestros intereses coincidan. Incluso si decide marcharse, ha pagado su viaje con creces.

36 Vodacce rumbo a Eisen El Albatros vuelve a altamar

¡El Albatros vuelve a altamar! Dejamos Santa Elena después de pasar casi una luna completa en la isla.

La hospitalidad de sus habitantes será recordada por toda la tripulación. Estoy seguro de no ser el único que piensa regresar algún día.

«Kára, mi amor, estos días te siento más cerca que nunca. Añoro verte pronto, contarte sobre esta isla y luchar hombro con hombro una vez más.»

Las Lucani decidieron pagar para que Carmen y Alexander viajaran con ellas hasta Eisen. Continúan repitiendo que el dinero no es problema, y yo continúo dispuesto a engordar mis bolsillos.

Lo cierto es que su presencia beneficia al Albatros. Ambos saben desenvolverse a bordo y perdimos tripulación durante el ataque del Kraken.

María Magdalena no rechazó mi propuesta de unirse a nosotros. Dijo que tomaría su decisión cuando llegáramos a Carleon.

El Soleil Royal

La codicia condujo al Albatros hacia un navío abandonado que parecía contener uno de los mayores tesoros de los siete mares. Su silencio, sin embargo, ocultaba algo mucho más peligroso que una tripulación enemiga.

48 Vodacce rumbo a Eisen La maldición del Soleil Royal

¡Alabado sea el Albatros y cada alma en este maldito barco! Sobrevivimos al Kraken y ahora también a la maldición del Soleil Royal.

El navío montaigne esperaba tranquilo y silencioso, como una trampa mortal. Nosotros, guiados por la codicia, caímos de lleno en sus oscuras entrañas.

El Soleil Royal era el mayor tesoro flotante de los siete mares. Se encontraba sin custodia, tripulación ni bandera, arrastrado por la corriente directamente hacia nosotros.

No seríamos piratas si hubiéramos desperdiciado aquella oportunidad.

Ahora comprendo que aquello que parece demasiado sencillo suele esconder una trampa mortal.

El barco todavía conservaba gran parte de los objetos de lujo que solo el Emperador de Montaigne podría colocar en altamar sin temer a los piratas.

El tesoro estaba custodiado por su antigua tripulación, cadáveres reanimados por la maldición, piratas muertos durante intentos anteriores de saqueo y los propios fantasmas que atormentaban el navío.

Llegamos hasta la habitación de la princesa Irene, quien viajaba hacia Avalon para contraer matrimonio.

La cama estaba rodeada por espejos rotos. Monet explicó que habían sido colocados para impedir que se abrieran portales dentro de la habitación.

Si los espejos estaban destruidos, solo podía significar que aquello que encerraban se había liberado.

Los cadáveres intentaron abordar al Albatros. Perforaron el casco con cadenas y se lanzaron sobre nuestra cubierta sin necesidad de sogas.

La batalla fue larga. Las heridas de la tripulación fueron menores, pero el Albatros necesitaría nuevas reparaciones al llegar a Carleon.

Perla se enfrentó a una especie de fantasma o demonio capaz de abrir portales.

Debo agradecer que tantos años trabajando como esclavo fortalecieran mis músculos. Durante la batalla tuve que sacar del peligro tanto a Alexander como a Perla.

He arriesgado la vida más veces de las que puedo contar. La tripulación del Albatros es mi única familia y, aunque Perla no formara parte de ella, habíamos viajado y luchado juntos el tiempo suficiente para saber que merecía ser salvada.

Carmen y Alexander todavía debían probar su valor, pero Lucani me pagaba para transportarlos hasta Eisen. Eso significaba que llegarían con vida.

Carleon

El puerto de Avalon debía ser un lugar de descanso y reparaciones. En cambio, el Albatros encontró deudas, secretos sidhe, un antiguo enemigo, sirenas y una amenaza vinculada con las profundidades del océano.

84 Día 5 en Carleon · Avalon Veinte gremiales por día

Esperaba que Carleon fuera un lugar de descanso para la tripulación, pero nada estuvo más alejado de la realidad.

Apenas llegamos al puerto, las malas noticias salieron a nuestro encuentro.

Veinte gremiales por día en el puerto. Hasta ese momento creía que nosotros éramos quienes arrancaban fortunas a los barcos desafortunados.

Lorenzo calculó que necesitábamos catorce días de reparaciones, incluso contando con la colaboración de Magdalena.

Reparar el Albatros resultaría absurdamente caro y nuestros recursos comenzaban a agotarse.

El asalto al Soleil Royal nos había dejado más deudas que ganancias. Apenas conservábamos unos cuantos objetos para vender y ni siquiera sabíamos si valían el esfuerzo que habíamos realizado para obtenerlos.

84 Carleon · Avalon Morgana y la venganza negada

En una taberna conocí a Morgana, oficial de los Perros del Mar.

Su padre había desaparecido años atrás y su barco fue hallado a la deriva con las mismas heridas que sufrió el Albatros.

No cabía duda de que había caído víctima de la maldición del Soleil Royal.

Me habría gustado poseer más información, pero solo pude comunicarle que el barco responsable de su dolor había sido destruido.

El sabor de una venganza negada es amargo. Pude reconocerlo en su rostro.
84 Carleon · Avalon La invitación de los Sidhe

Los Sidhe de Carleon preparaban una gran fiesta para celebrar el solsticio.

Como las Lucani se presentaron en el castillo de la reina, recibieron una invitación que también incluía al capitán del Albatros y a sus oficiales.

En condiciones normales habría rechazado aquella celebración pomposa, pero existían tres razones para asistir.

La primera era una promesa realizada a Diego: llevarlo a los lugares más fascinantes y deslumbrantes. Pocas cosas podían resultar más glamorosas que una fiesta de los Sidhe.

La segunda era Monet. Mi primer oficial estaba estresada por lo sucedido en el Soleil Royal y merecía una noche de descanso.

La tercera era mucho más sencilla.

¿Cuándo volvería a tener la oportunidad de beber los licores reservados para una fiesta Sidhe?

Mencioné la celebración al resto de la tripulación, pero a nadie pareció interesarle. Más tarde agradecería que Alexander hubiera decidido permanecer lejos de la fiesta.

84 Fiesta del solsticio · Carleon El regreso de Andrea Caligari

Accedí a vestirme como las Lucani solicitaron, pues me regalaron ropa especial para la ocasión.

Monet insistió en que no llevara mis bandoleras. Por una vez me arrepentiría de escuchar su consejo.

Diego se mezcló entre los invitados. Monet desapareció entre los arbustos para socializar a su manera, y yo permanecí junto a un amable hombre que ofrecía una degustación de vinos, licores y whiskies.

Morrigan, una Sidhe reconocida y legendaria, llegó acompañada por sus tres hijas y un séquito de guardaespaldas.

Ninguno de ellos logró impedir que Andrea Caligari se infiltrara en la celebración.

Ni la Madre Océano quiso su alma putrefacta. Había escupido a Caligari nuevamente sobre la tierra.

Lo perseguí, pero no llegué a tiempo. Asesinó a sangre fría a una de las hijas de Morrigan, arrancó algo del interior de su pecho y escapó antes de que pudiera alcanzarlo.

Si hubiera llevado mis bandoleras, habría terminado lo que comenzamos durante el hundimiento del Senza Fine.

Morrigan aseguró que un hombre común no habría podido matar a su hija, pues la sangre de los Sidhe provoca conmoción en los humanos.

84 Puerto de Carleon · Avalon El barco en llamas y las sirenas

Al regresar al Albatros descubrí que un barco incendiado y sin tripulación se había acercado al puerto al mismo tiempo que ocurría el asesinato en la fiesta.

Alexander tomó una barcaza cargada con pólvora y se lanzó contra el navío en llamas para salvar a todos los habitantes del puerto.

Junto a Perla, Carmen y algunos hombres partí en su búsqueda. No estábamos preparados para aquello que nos esperaba.

Había sirenas dentro del puerto.

Perla, Carmen y Steve no fueron lo suficientemente rápidos. Las criaturas los arrancaron de la barcaza y los arrastraron hacia las profundidades.

Esta vez sí había llevado mis bandoleras. Gracias a ellas conseguí liberarlos de las garras de las sirenas.

Perla, remando con la fuerza de cien hombres, consiguió sacarnos de allí a toda velocidad.

84 Grutas de Carleon · Avalon El héroe del puerto

Habíamos dado a Alexander por muerto. Parecía imposible que hubiera sobrevivido a la explosión y al ataque.

No estaba dispuesto a permitir que su hazaña pasara desapercibida. Me aseguré de que cada hombre y mujer del puerto supiera que Alexander Miller, del Albatros, había salvado sus vidas.

Guiados por la corazonada de Carmen, encontramos una gruta utilizada por las sirenas para guardar a sus presas.

Allí rescatamos a Alexander y a otro superviviente.

Sus heridas eran profundas. Carmen practicó primeros auxilios y cauterizó las más graves para impedir que murieran antes de llegar al barco.

Durante los cuidados, dos amenazas aparecieron a nuestro alrededor.

A babor se encontraba el demonio del Soleil Royal que Carmen y Alexander habían investigado y que acosaba a Perla.

A estribor apareció Caligari a caballo, acompañado por un pelotón de hombres.

En otras circunstancias habría acabado con nuestra rivalidad en aquel instante, pero la vida de Alexander corría peligro.

Nos retiramos priorizando la vida sobre la muerte. Tal vez no aquella noche ni durante la próxima luna, pero acabaría con Caligari con mis propias manos.
85 Amanecer en Carleon · Avalon La Reina de las Sirenas

Una vez que Alexander y el otro superviviente quedaron bajo los cuidados de Diego, envié un emisario a la residencia Sidhe. Necesitaba hablar con Morrigan al amanecer.

Morrigan y los suyos llegaron al Albatros con la salida del sol.

Le expliqué la posible relación entre las sirenas del puerto, el navío incendiado, el asesinato de su hija y la presencia de Caligari.

Partimos hacia la gruta que habíamos descubierto durante la noche.

Después de que los Cuervos de Morrigan exploraran el lugar, la Sidhe ordenó derrumbar la cueva.

Su explicación fue contundente y, al mismo tiempo, todavía más desconcertante.

La Reina de las Sirenas, enemiga jurada de la Madre Océano, dormía en las profundidades de aquella gruta.
«¿Qué diablos está tramando Caligari con todo esto?»

Hilos de la travesía

Andrea Caligari Sobrevivió al Kraken y parece vinculado con los sucesos de Carleon.
El Soleil Royal Su maldición continúa afectando a quienes estuvieron en contacto con él.
La Reina de las Sirenas Una antigua enemiga de la Madre Océano dormía bajo Carleon.
Destino final El viaje hacia Eisen todavía no ha concluido.
Lo que comenzó como un encargo para sacar a una mujer de Vodacce condujo al Albatros a enfrentarse con nobles, inquisidores, muertos, fantasmas, un Kraken y una reina dormida bajo el mar. La tripulación todavía navega hacia Eisen, mientras Caligari mueve los hilos de una conspiración cuyo verdadero alcance permanece oculto.