Bitácora del Albatros
«El Albatros no carga personas. El Albatros carga libertad.»
Cuaderno de ruta
Vodacce y el comienzo
01 Vodacce rumbo a Eisen Una Sorte en el Albatros
¡Que me aspen si es posible! Una Sorte en el Albatros. Definitivamente, este puede ser el encargo más caro al que accedí en toda mi vida.
No solo transportamos a quince personas durante más de dos meses, sino que la pasajera más importante es una Bruja del Destino. Más de un marinero entregó una ofrenda a la Madre Océano para protegernos durante el viaje. Yo mismo lancé una copa de vino.
La Sorte se instaló en mi habitación. Hacerla dormir con el resto de la tripulación habría sido tentar al destino, y ningún marinero sensato está dispuesto a arriesgarse a algo semejante.
Poco después leyó el destino mediante las cartas. Parecía que estas danzaban entre sus dedos. Las acariciaba como delicados pétalos, pero con la firmeza con que se sostiene una copa durante una tormenta.
Transmití el aviso a la tripulación. Mientras corrían a sus puestos y preparaban el barco, comenzaron a cantar. Poco a poco, todas las voces de la cubierta se fundieron en una sola.
Me llena el corazón saber que mis hermanos y hermanas están dispuestos a luchar por la libertad ajena, tal como otros lucharon por la suya.
03 Vodacce rumbo a Eisen Los estatutos del Albatros
La Sorte y sus acompañantes solo abandonan la habitación cuando la mayoría de la tripulación se encuentra en el interior del barco.
Imagino que su velo cubre el rostro para impedir que cualquier persona ajena a su círculo pueda verla y que, por tanto, considera peligroso permanecer en cubierta rodeada de desconocidos.
En respeto a esa costumbre pedí a los pasajeros que subieran durante una hora tranquila. Solo se encontraba presente la tripulación principal: Monet, Lorenzo, Nathan, Peter, Diego y Matthias.
Como hacemos con todos nuestros invitados, les leí los estatutos del Albatros, al menos aquellos que los afectan directa o indirectamente. Matthias los recitó en eiseno para Perla y sus hombres.
Era importante que comprendieran que en el Albatros serían juzgados por sus actos, sin importar quiénes fueran ni cuán rica fuese su familia.
07 Vodacce rumbo a Eisen Perla y la inmensidad del océano
Perla finalmente se atrevió a permanecer en cubierta después de que la Sorte regresara a su habitación. Incluso se acercó al borde para contemplar el océano y la puesta del sol.
Jamás había visto a una mujer de semejante porte y tamaño. Parece una guerrera acostumbrada a vivir rodeada de hombres poderosos, obligada a demostrar toda su fuerza para ser reconocida.
Sin embargo, durante unos instantes sus ojos brillaron con asombro ante los colores del cielo y la belleza de la Madre Océano, mostrando la fragilidad de todo ser humano frente a la inmensidad del mundo.
Es perspicaz. Reconoció en mi lengua el amor que profeso por Kára al hablar en su idioma.
Santa Elena
11 Día 1 en Santa Elena · Castilla El Senza Fine y la llegada del Kraken
Nuestra agradable cena fue interrumpida por el aviso de Nathan: un barco con bandera vodaccia nos seguía.
Mis instrucciones fueron precisas: virar el Albatros y alzar la bandera pirata. El barco de Caligari debía comprender que jamás permitiríamos que el Albatros se convirtiera en presa de quienes comercian con la libertad.
Esperábamos que izaran la bandera blanca. La Hermandad de la Costa es conocida en los siete mares por respetar la vida de quienes se rinden.
La bandera jamás apareció. En respuesta, los cañones del Albatros provocaron daños irreparables al Senza Fine.
El abordaje fue rápido y preciso, pero el navío enemigo comenzó a hundirse. Caligari había arrastrado a sus propios hombres hacia una muerte segura sin pensarlo dos veces.
Antes de regresar al Albatros lo saludé a la distancia con plomo. Peter se aseguró de que una segunda bala reforzara el mensaje.
El monstruo no atacó al Albatros, pero su presencia agitó las aguas y el viento hasta formar un torbellino. Ni los mejores marineros habrían logrado salir con vida de aquellas condiciones.
Sin embargo, la Madre Océano no reclamaba nuestras vidas. Arrastró al Albatros y a sus hombres hacia la costa de Santa Elena.
12 Día 2 en Santa Elena · Castilla El paraíso y los inquisidores
Santa Elena es el paraíso que he buscado durante toda mi vida. Si no tuviera todavía una venganza pendiente, habría considerado seriamente quedarme aquí.
Los habitantes viven de la pesca, la recolección del bosque y un aljibe natural que proporciona agua dulce a toda la isla. No hay reyes, gobernantes, religiones oficiales ni militares.
Apenas unas pocas leyes son necesarias para que las personas vivan su libertad con plenitud. Es una sociedad única y, al mismo tiempo, muy parecida a la nuestra.
Su gente nos brindó comida y ayuda sin pedir nada a cambio. Por supuesto, comerciamos por los materiales necesarios para reparar el barco y abastecer nuestras bodegas.
La tranquilidad terminó cuando un grupo de inquisidores llegó hasta el Albatros exigiendo que los transportáramos hacia Castilla. Llevaban consigo a dos mujeres heridas y esposadas.
Dijeron que eran brujas. Toda la tripulación sintió hervir la sangre.
Casi no hicieron falta órdenes. Matthias lanzó una andanada de cañón corto, los demás respondieron con mosquetes y pistolones, y Perla capturó al monseñor que intentaba escapar.
19 Día 9 en Santa Elena · Castilla El festival que casi condenó la isla
Santa Elena resultó ser una isla con una mística digna de las leyendas. El festival, rodeado de un folclore propio, estuvo a punto de convertirse en una tragedia.
Mientras los isleños preparaban la ceremonia, Perla desobedeció órdenes y se internó en el bosque. Encontró una cueva y desde allí llegó hasta el lugar donde se celebraba el ritual de gratitud a Santa Elena.
Perla interrumpió la ceremonia y estuvo cerca de condenar a toda la isla por su imprudencia.
Gracias a las fortunas conseguí detenerla y salvar tanto su vida como la de los isleños. Con la ayuda de Carmen, todo regresó a la normalidad en cuestión de horas.
31 Día 21 en Santa Elena · Castilla Preparativos para abandonar el refugio
Santa Elena volvió a ser el paraíso que siempre fue. Pronto el Albatros estaría listo para navegar y podríamos continuar el viaje hacia Eisen.
Debido a la intensa actividad de la Inquisición en Castilla, debíamos navegar directamente hasta Avalon y hacer puerto en Carleon.
María Magdalena, una de las mujeres rescatadas, fue de gran ayuda durante las reparaciones. Sin que fuese necesario pedírselo, ofreció sus conocimientos y habilidades al servicio del Albatros.
Desearía que se uniera a la tripulación, aunque no creo que nuestros intereses coincidan. Incluso si decide marcharse, ha pagado su viaje con creces.
36 Vodacce rumbo a Eisen El Albatros vuelve a altamar
¡El Albatros vuelve a altamar! Dejamos Santa Elena después de pasar casi una luna completa en la isla.
La hospitalidad de sus habitantes será recordada por toda la tripulación. Estoy seguro de no ser el único que piensa regresar algún día.
Las Lucani decidieron pagar para que Carmen y Alexander viajaran con ellas hasta Eisen. Continúan repitiendo que el dinero no es problema, y yo continúo dispuesto a engordar mis bolsillos.
Lo cierto es que su presencia beneficia al Albatros. Ambos saben desenvolverse a bordo y perdimos tripulación durante el ataque del Kraken.
María Magdalena no rechazó mi propuesta de unirse a nosotros. Dijo que tomaría su decisión cuando llegáramos a Carleon.
El Soleil Royal
La codicia condujo al Albatros hacia un navío abandonado que parecía contener uno de los mayores tesoros de los siete mares. Su silencio, sin embargo, ocultaba algo mucho más peligroso que una tripulación enemiga.
48 Vodacce rumbo a Eisen La maldición del Soleil Royal
¡Alabado sea el Albatros y cada alma en este maldito barco! Sobrevivimos al Kraken y ahora también a la maldición del Soleil Royal.
El navío montaigne esperaba tranquilo y silencioso, como una trampa mortal. Nosotros, guiados por la codicia, caímos de lleno en sus oscuras entrañas.
El Soleil Royal era el mayor tesoro flotante de los siete mares. Se encontraba sin custodia, tripulación ni bandera, arrastrado por la corriente directamente hacia nosotros.
No seríamos piratas si hubiéramos desperdiciado aquella oportunidad.
Ahora comprendo que aquello que parece demasiado sencillo suele esconder una trampa mortal.
El barco todavía conservaba gran parte de los objetos de lujo que solo el Emperador de Montaigne podría colocar en altamar sin temer a los piratas.
Llegamos hasta la habitación de la princesa Irene, quien viajaba hacia Avalon para contraer matrimonio.
La cama estaba rodeada por espejos rotos. Monet explicó que habían sido colocados para impedir que se abrieran portales dentro de la habitación.
Si los espejos estaban destruidos, solo podía significar que aquello que encerraban se había liberado.
Los cadáveres intentaron abordar al Albatros. Perforaron el casco con cadenas y se lanzaron sobre nuestra cubierta sin necesidad de sogas.
La batalla fue larga. Las heridas de la tripulación fueron menores, pero el Albatros necesitaría nuevas reparaciones al llegar a Carleon.
Perla se enfrentó a una especie de fantasma o demonio capaz de abrir portales.
Debo agradecer que tantos años trabajando como esclavo fortalecieran mis músculos. Durante la batalla tuve que sacar del peligro tanto a Alexander como a Perla.
He arriesgado la vida más veces de las que puedo contar. La tripulación del Albatros es mi única familia y, aunque Perla no formara parte de ella, habíamos viajado y luchado juntos el tiempo suficiente para saber que merecía ser salvada.
Carmen y Alexander todavía debían probar su valor, pero Lucani me pagaba para transportarlos hasta Eisen. Eso significaba que llegarían con vida.
Carleon
El puerto de Avalon debía ser un lugar de descanso y reparaciones. En cambio, el Albatros encontró deudas, secretos sidhe, un antiguo enemigo, sirenas y una amenaza vinculada con las profundidades del océano.
84 Día 5 en Carleon · Avalon Veinte gremiales por día
Esperaba que Carleon fuera un lugar de descanso para la tripulación, pero nada estuvo más alejado de la realidad.
Apenas llegamos al puerto, las malas noticias salieron a nuestro encuentro.
Lorenzo calculó que necesitábamos catorce días de reparaciones, incluso contando con la colaboración de Magdalena.
Reparar el Albatros resultaría absurdamente caro y nuestros recursos comenzaban a agotarse.
El asalto al Soleil Royal nos había dejado más deudas que ganancias. Apenas conservábamos unos cuantos objetos para vender y ni siquiera sabíamos si valían el esfuerzo que habíamos realizado para obtenerlos.
84 Carleon · Avalon Morgana y la venganza negada
En una taberna conocí a Morgana, oficial de los Perros del Mar.
Su padre había desaparecido años atrás y su barco fue hallado a la deriva con las mismas heridas que sufrió el Albatros.
No cabía duda de que había caído víctima de la maldición del Soleil Royal.
Me habría gustado poseer más información, pero solo pude comunicarle que el barco responsable de su dolor había sido destruido.
84 Carleon · Avalon La invitación de los Sidhe
Los Sidhe de Carleon preparaban una gran fiesta para celebrar el solsticio.
Como las Lucani se presentaron en el castillo de la reina, recibieron una invitación que también incluía al capitán del Albatros y a sus oficiales.
En condiciones normales habría rechazado aquella celebración pomposa, pero existían tres razones para asistir.
La primera era una promesa realizada a Diego: llevarlo a los lugares más fascinantes y deslumbrantes. Pocas cosas podían resultar más glamorosas que una fiesta de los Sidhe.
La segunda era Monet. Mi primer oficial estaba estresada por lo sucedido en el Soleil Royal y merecía una noche de descanso.
La tercera era mucho más sencilla.
Mencioné la celebración al resto de la tripulación, pero a nadie pareció interesarle. Más tarde agradecería que Alexander hubiera decidido permanecer lejos de la fiesta.
84 Fiesta del solsticio · Carleon El regreso de Andrea Caligari
Accedí a vestirme como las Lucani solicitaron, pues me regalaron ropa especial para la ocasión.
Monet insistió en que no llevara mis bandoleras. Por una vez me arrepentiría de escuchar su consejo.
Diego se mezcló entre los invitados. Monet desapareció entre los arbustos para socializar a su manera, y yo permanecí junto a un amable hombre que ofrecía una degustación de vinos, licores y whiskies.
Morrigan, una Sidhe reconocida y legendaria, llegó acompañada por sus tres hijas y un séquito de guardaespaldas.
Ninguno de ellos logró impedir que Andrea Caligari se infiltrara en la celebración.
Lo perseguí, pero no llegué a tiempo. Asesinó a sangre fría a una de las hijas de Morrigan, arrancó algo del interior de su pecho y escapó antes de que pudiera alcanzarlo.
Si hubiera llevado mis bandoleras, habría terminado lo que comenzamos durante el hundimiento del Senza Fine.
Morrigan aseguró que un hombre común no habría podido matar a su hija, pues la sangre de los Sidhe provoca conmoción en los humanos.
84 Puerto de Carleon · Avalon El barco en llamas y las sirenas
Al regresar al Albatros descubrí que un barco incendiado y sin tripulación se había acercado al puerto al mismo tiempo que ocurría el asesinato en la fiesta.
Alexander tomó una barcaza cargada con pólvora y se lanzó contra el navío en llamas para salvar a todos los habitantes del puerto.
Junto a Perla, Carmen y algunos hombres partí en su búsqueda. No estábamos preparados para aquello que nos esperaba.
Perla, Carmen y Steve no fueron lo suficientemente rápidos. Las criaturas los arrancaron de la barcaza y los arrastraron hacia las profundidades.
Esta vez sí había llevado mis bandoleras. Gracias a ellas conseguí liberarlos de las garras de las sirenas.
Perla, remando con la fuerza de cien hombres, consiguió sacarnos de allí a toda velocidad.
84 Grutas de Carleon · Avalon El héroe del puerto
Habíamos dado a Alexander por muerto. Parecía imposible que hubiera sobrevivido a la explosión y al ataque.
No estaba dispuesto a permitir que su hazaña pasara desapercibida. Me aseguré de que cada hombre y mujer del puerto supiera que Alexander Miller, del Albatros, había salvado sus vidas.
Guiados por la corazonada de Carmen, encontramos una gruta utilizada por las sirenas para guardar a sus presas.
Allí rescatamos a Alexander y a otro superviviente.
Sus heridas eran profundas. Carmen practicó primeros auxilios y cauterizó las más graves para impedir que murieran antes de llegar al barco.
Durante los cuidados, dos amenazas aparecieron a nuestro alrededor.
A babor se encontraba el demonio del Soleil Royal que Carmen y Alexander habían investigado y que acosaba a Perla.
A estribor apareció Caligari a caballo, acompañado por un pelotón de hombres.
En otras circunstancias habría acabado con nuestra rivalidad en aquel instante, pero la vida de Alexander corría peligro.
85 Amanecer en Carleon · Avalon La Reina de las Sirenas
Una vez que Alexander y el otro superviviente quedaron bajo los cuidados de Diego, envié un emisario a la residencia Sidhe. Necesitaba hablar con Morrigan al amanecer.
Morrigan y los suyos llegaron al Albatros con la salida del sol.
Le expliqué la posible relación entre las sirenas del puerto, el navío incendiado, el asesinato de su hija y la presencia de Caligari.
Partimos hacia la gruta que habíamos descubierto durante la noche.
Después de que los Cuervos de Morrigan exploraran el lugar, la Sidhe ordenó derrumbar la cueva.
Su explicación fue contundente y, al mismo tiempo, todavía más desconcertante.
