Kára Haraldottir af Jordsfolk

Hasta el Mar del Norte hizo silencio cuando comenzó a pronunciar las primeras palabras de su canción.

“Sem lengst elskask at…”

Y las palabras se volvieron imágenes.
Las imágenes cobraron movimiento.
Y el recuerdo se volvió uno con el presente.

No tenía más de cinco primaveras cuando los hombres del sur prometieron la paz.

Sus padres eran hombres de tradición. Creían en los dioses antiguos, pero también eran hombres cansados de guerra. Habían combatido demasiado tiempo. Las granjas habían pasado demasiado tiempo sin ser cultivadas. Y como muchos otros, decidieron creer en aquellas promesas.

Nunca volvió a verlos.

Muchos niños quedaron huérfanos aquel día, porque sus padres creyeron en la paz.

Su abuela materna fue quien la crió.
Una mujer de la vieja usanza, que honraba a los dioses antiguos y mantenía vivas las historias que les daban fuerza.

Le habló de los héroes que enfrentaron al Wyrm.
De aquellos que se convirtieron en uno con la palabra y cuyo nombre aún resonaba en los salones de los dioses.

Kára creyó haber crecido antes de tiempo.

Pero levantar una espada no te convierte en guerrero.
Y golpear sin sabiduría jamás conduce a la victoria.

La dieron por muerta.

Y la entregaron a la Reina de los Mares.

Pero la Reina es justa.

Nadie conoce mejor la venganza que la Madre de los Océanos,
cuyos ojos son de tormenta
y cuya palabra es la ley que todos obedecemos.

Vivió y murió cien vidas en las aguas antes de ser encontrada.

Y cuando al fin la hallaron, su nueva familia la hizo sentir viva otra vez.

El corazón de hielo volvió a latir.
Como solo late cuando el amor lo envuelve.

Pero nunca seremos libres si dejamos que nuestro pasado sea olvidado.

Si no recordamos a aquellos que caminaron antes que nosotros.

Si no pronunciamos sus nombres con orgullo.

Llegará el día en que volvamos a vernos a los ojos.

Y en sus miradas veremos el orgullo de saber que su nombre fue limpiado.

Y que la venganza…
ha sido nuestra.


Cuando terminó de cantar, hizo lo que hacía siempre.

Miró hacia el océano.

Como si contemplara las olas.

En realidad era para limpiar la lágrima que comenzaba a recorrer su mejilla.

No importaba cuántas veces contara la historia.

Cada vez volvía a vivirla.

Su tripulación, como siempre, fingió no ver el brillo en los ojos de su capitana.

Inkeri fue la primera en gritar:

Hefna!

Y entonces toda la tripulación respondió al cielo nocturno.

HEFNA!

Ya llegaría el día.

El día de vengar a sus muertos.

*La Canción de los Nombres Perdidos (Castellano)
Cantada por Kára Haraldottir af Jordsfolk

Sem lengst elskask at…
así hablan los antiguos vientos,
que lo que es amado por largo tiempo
no muere en el hielo ni en el mar.

Escuchad, oh mares del norte,
escuchad, montañas de hierro,
porque hoy nombro a los que partieron
y sus nombres no serán olvidados.

Cuando era niña de cinco primaveras
los hombres del sur trajeron palabras dulces,
promesas suaves como nieve reciente
y frágiles como el hielo de primavera.

Nuestros padres dejaron las espadas,
nuestras madres apagaron los fuegos de guerra,
las granjas volvieron a arar la tierra
y los dioses miraron en silencio.

Pero la paz de los hombres del sur
era mentira envuelta en seda.

El hierro habló donde habló la palabra.
La sangre respondió donde hubo promesa.

Y aquel día el viento llevó
los nombres de nuestros padres al mar.

Recordad sus nombres, hermanos,
recordad sus nombres.

Porque un hombre vive mientras su nombre es cantado,
y un nombre olvidado muere dos veces.

Mi abuela me enseñó las historias
junto al fuego que nunca se apaga.

Me habló de héroes que enfrentaron al Wyrm,
de reyes que caminaron entre tormentas,
de guerreros cuya voz aún vive
en la palabra de los skald.

“Levantar una espada no te hace guerrero”,
decía mientras el viento golpeaba las paredes.
“Y la furia sin sabiduría
solo alimenta a los cuervos.”

Me creyeron muerta.

Me entregaron a la reina de los mares.

Pero el mar no olvida a sus hijos.

La Madre del Océano
cuyos ojos son tormenta
y cuya palabra es ley para todos los navíos
me llevó en sus brazos de espuma.

Viví cien vidas entre las olas.

Morí cien veces bajo el hielo.

Pero el mar me devolvió
cuando llegó el momento.

Y entonces encontré una nueva familia
entre hombres y mujeres libres.

Piratas, dicen los reyes.

Hermanos, digo yo.

Hermanos del viento,
hermanos del acero,
hermanos de la noche abierta.

Y aun así recordad esto,
porque un pueblo sin memoria
es un barco sin timón.

No seremos libres
si dejamos que nuestros muertos sean olvidados.

No seremos dignos
si no pronunciamos sus nombres.

Vendrá el día
en que los traidores mirarán al norte.

Vendrá el día
en que los mares recordarán.

Vendrá el día
en que las deudas antiguas serán pagadas.

Y cuando ese día llegue
miraremos a nuestros muertos a los ojos.

Y en su mirada veremos orgullo.

Porque su nombre fue limpiado.

Porque su historia fue cantada.

Porque su venganza fue cumplida.


Entonces Kára levanta la voz y el coro de la tripulación responde:

Hefna!
¡Por los nombres perdidos!

Hefna!
¡Por la sangre derramada!

Hefna!
¡Por los hijos del norte!

Hefna! Hefna! Hefna!

*Söngvar Nafnanna Glataðra (Vestenn)
La Canción de los Nombres Perdidos

Sem lengst elskask at,
deyr aldregi í ísi né sæ.

Heyrið nú, norðrhaf djúpt,
heyrið, fjöll úr járni,
því nú kalla ek nöfn þeirra
er féllu í svikum manna.

Fimm vetr var ek barn
þá suðrmenn buðu frið.

Sæt vóru orð þeirra,
mjúk sem nýfallinn snær,
en svik bjó undir tungu þeirra.

Föður minn lagði sverð sitt,
móðir mín slökkti eld stríðsins,
jörðin var plægð að nýju
og goðin þögðu í himni.

En friðr þeirra var lygi.

Járn talaði þar
sem orð höfðu lofað.

Blóð rann þar
sem eiðr hafði verið sverinn.

Þann dag tók vindr
nöfn foreldra minna
og bar þau til hafsins.

Minnist þeirra, bræður.
Minnist nafna þeirra.

Því maðr lifir meðan
nafn hans er sungit.

En gleymt nafn
deyr tvisvar.

Amma mín kenndi mér sögur
við eld er aldrei deyr.

Hún sagði frá hetjum
er börðust við Wyrm,
og frá konungum
er gengu með stormum.

“Sverð eitt gerir eigi hetju,”
sagði hún við vetrvind.

“Og reiði án visku
fæðir aðeins hrafna.”

Þeir sögðu ek væri dauð.

Þeir gáfu mik
drottningu hafsins.

En móðir hafsins gleymir eigi
börnum sínum.

Augun hennar eru stormar,
og orð hennar lög.

Hundrað líf lifði ek
undir öldum.

Hundrað dauða dó ek
í köldum djúpum.

En hafið skilaði mér aftur
þegar stund mín kom.

Og þar fann ek fjölskyldu
með frjálsum mönnum.

Ræningjar kalla konungar þá.

Bræður kalla ek þá.

Bræður vindsins.
Bræður stálsins.
Bræður næturinnar.

En heyrið þetta vel:

Þjóð án minninga
er skip án stýris.

Ekki verðum vér frjáls
ef vér gleymum hinum dauðu.

Ekki verðum vér sterk
ef vér segjum eigi nöfn þeirra.

Sá dagr mun koma.

Sá dagr mun rísa úr hafi.

Sá dagr mun bera réttlæti.

Og þegar sá dagr kemur
munum vér horfa í augu dauðra okkar.

Og í augum þeirra
mun brenna stolti.

Því nöfn þeirra vóru hreinsuð.

Sagan þeirra var sungin.

Og hefnd þeirra…

var vor.


Coro de la tripulación

HEFNA!
Fyrir nöfn hinna föllnu!

HEFNA!
Fyrir blóð þeirra!

HEFNA!
Fyrir börn norðrsins!

HEFNA! HEFNA! HEFNA!