El valor de la familia
«El Albatros es nuestro hogar, pero la tripulación es nuestra familia.»
«El Albatros es nuestro hogar, pero la tripulación es nuestra familia. ¡Seremos nómadas y salvaremos a nuestra familia!»
Séaghdha ocultó el dolor de su corazón detrás de aquella frase desgarradora. En su lugar se colocó una máscara de determinación y valor.
Era el capitán. Su deber consistía en mantener con vida a toda su tripulación, incluso si eso significaba convertirse en un capitán sin barco o romper una promesa realizada mucho tiempo atrás.
—Falta poco.
Séaghdha no estaba escuchando el anuncio del tiempo. Su mirada permanecía perdida en el ocaso. El sol se ocultaba en el océano y teñía el mundo de rojo, como el cabello de su amada.
—Este puede que sea nuestro último trabajo juntos.
—Podrías venir conmigo.
La promesa
Kára se giró para observar a Séaghdha.
Estaban sentados en la proa del barco que los había rescatado y que se había convertido en su hogar. Ambos habían alcanzado la fortuna y el renombre suficientes para comandar sus propios navíos.
Habían decidido que Séaghdha sería el primero en conseguir un barco. Aquella noche abordarían un bergantín que pronto ondearía la bandera de la Hermandad de la Costa.
—Séaghdha, amor mío, ya lo hemos hablado. Pasaría mil vidas a tu lado, pero no podremos ser felices hasta que el mar se tiña de rojo sangre.
—Lo sé, Kára. Pero es difícil ser el que se va.
—Más difícil es ser quien se queda atrás. Pero no es momento de llorar. Tomaremos ese bergantín y fundarás tu propia nación. ¿Ya pensaste el nombre?
—El Albatros.
—¿El Albatros? No es un nombre demasiado intimidante.
Respondió con cierta sorna. Ambos eran grandes guerreros, aunque Kára era superior a él y se encargaba de recordárselo siempre que tenía oportunidad.
—¿Ah? Pensé que zarparías en busca de venganza.
—¡Y así será! Caligari mató a mis padres y robó la única reliquia familiar que mi madre cuidaba como a su propia vida.
—Pero la basura de Caligari no es el único escombro que debe ser limpiado de Théah.
—Los nobles que abusan de su poder, que doblegan vidas inocentes, que asesinan y esclavizan por placer; aquellos que podrían cambiar el mundo y solo lo alimentan de sufrimiento, todos ellos perecerán ante el Albatros.
—Nunca fuiste un hombre de sueños pequeños.
—Será el terror de abusadores y opresores. Dará libertad a mil almas antes de hundirse y protagonizará hazañas capaces de hacer estremecer al mismísimo Emperador de Montaigne.
—Y algún día volveremos a navegar juntos. El Albatros y…
—El Sleipnir.
Kára sonrió. Aquel entusiasmo, aquella pasión y esos ideales eran las razones por las que se había enamorado de él.
—El Albatros y el Sleipnir navegarán juntos. Es una promesa, mi amor.
Ella echó a reír y ambos sellaron la promesa con un beso.
El precio de ser capitán
Séaghdha estaba rompiendo la promesa que había hecho a la persona que más amaba en el mundo.
Sin embargo, ¿qué clase de capitán sería si permitiera que todos murieran únicamente para conservar un beneficio personal?
Sería exactamente la clase de hombre que odiaba.
El Albatros era mucho más que un barco. Era un símbolo, un estandarte y una columna sobre la que había construido toda su vida.
Ahora aquella columna se derrumbaba sin que pudiera impedirlo, y el corazón de Séaghdha se retorcía de dolor.
Pero su familia era más importante que cualquier promesa, cualquier símbolo o cualquier navío.
Incluso si no conseguían otro barco.
Incluso si debían separarse.
Incluso si Avalon caía aquella noche.
El Albatros seguiría vivo en el corazón de todos los hombres y mujeres que alguna vez habían navegado bajo su bandera.
