
Alexander golpeo la puerta de la habitación donde se encontraban Lucrezia y Giugliana
-Adelante –se escuchó desde adentro
El joven explorador entro en la habitación cerrando la puerta detrás de si pero quedándose apoyado en la misma. Dentro Lucrezia se encontraba sentada en la cama y la sorte se encontraba sentada en una silla junto al escritorio, delante de ella había varias cartas distribuidas sobre un pequeño mantel.
Alexander hizo una reverencia
-Damas me informo el capitán que debía hablar con ustedes para viajar a Eisen
-Porque quiere viajar a Eisen?
-Carmen les mostro la daga Syrneth, y el lugar donde pueden quitarle el Drachen es en Eisen. Y quisiera ver que es lo que está escrito en la hoja.
-Esa no es razón suficiente para viajar a Eisen con nosotros
-Los estudios de Kovel sobre la raza Syrneth conocida como los Setine indican que en una bóveda sellada hay un ejercito de autómatas esperando –explico Alexander
-Y usted sabe donde se encuentra la bóveda? –Pregunto Lucrezia
-No exactamente, pero creo que la daga de Carmen puede sernos de ayuda para encontrarla
-Pero Carmen ya viaja con nosotras a Eisen, como nos puede servir usted?
-yo conozco los textos de Kovel y necesito ese ejército para vengarme de los Caligari, ellos mataron a mi padre y necesito esto. –Explico Alexander claramente emocionado
-Alexander no podemos… -Comenzó a decir Lucrezia cuando la mano de Giugliana se apoyo sobre la suya y la interrumpió
-Sorella calma, condivide la tua vendetta –Le dijo Giugliana al oído de Lucrezia
Lucrezia asintió con la cabeza
-Bienvenido a bordo Alexander, esperemos sernos de mutua ayuda –Dijo Lucrezia sonriendo
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